EN MEMORIA DE MARIA EUSEBIA LINARES PORTAL MUJER REVOLUCIONARIA

EN MEMORIA DE MARIA EUSEBIA LINARES PORTAL MUJER REVOLUCIONARIA

 

EN MEMORIA DE MARIA EUSEBIA LINARES PORTAL MUJER REVOLUCIONARIA.

Los mejores ejemplos de heroísmo revolucionario no los he tomado nunca de un cerebro montado en una biblioteca, ni de la verborrea satánica de un enajenado. Siempre en mi azarosa vida la he visto en la imagen de una mujer. Pero no quiero hablar de mi madre o de mi abuela, que ya ampliamente las he mencionado; quiero hablar de aquella obrera humilde que con su esposo a cuestas me dio ejemplo de heroísmo y valor incólume bajo los principios de la búsqueda de un cambio para su país y para sus hermanos. Pero con un desinterés rayano a la santidad y no porque haya sido quien atendió en su lecho de muerte a quien consideraba como parte del pasado de sus ancestros e imagen de su pueblo y de su nación. Una mujer que combinaba la tradición cultural de su pueblo y la lucha por los derechos de su pueblo, de sus hermanos; a esta mujer que no debe desaparecer de un obituario olvidado y desaparecido. ¿Pero para qué? Es necesario que en la actualidad la mujer deje de ser instrumento de la voracidad del capitalismo salvaje, que no solamente tome la actitud de Clara Zetkin, de la de María Eusebia, que no quisieron reconocimiento con su actitud de defensa de los derechos de su clase, todo lo contrario eran las visionarias de un futuro sin ricos ni pobres, dijeron a voz en cuello basta de explotación del hombre por el hombre. Dieron su enorme sacrificio en defensa de su familia, buscando un futuro más digno para la progenie que salía de su seno, de su interior y por eso sentían mas la necesidad de luchar por qué no siga mas la explotación, una de la clase que ostenta el poder y la otra también pero representada por el señor feudal conocido como hacendado.

A Clara Zetkin solo la conocí en mis avatares de la biblioteca siendo ya adulto, pero a la otra gran mujer la conocí siendo aun muy niño. De tez trigueña como las indígenas de la provincia de otuzco, del mismo color era su esposo el paciente y enigmático Don Lino. Los conocí en el reciente pueblo joven del porvenir donde recalaban todos los héroes de la gesta de las ocho horas de trabajo que fueron despedidos de las grandes empresas agro industriales del valle de chicama, ellos lo habían sido de la ex hacienda cartavio. Allí en esa casa hecho con los esfuerzos comunitarios de todos los indígenas despedidos allí lo conocí. Era más bien bajita y de vista parecía muy delicada, su marido era bien fuerte y corto de estatura. Los dos unidos por una misma gesta, la de hacer valer sus derechos como seres humanos que alquilan su fuerza de trabajo a un patrón.

Allí conocí la solidaridad, pues mi padre también había sido asesinado por la gendarmería por las ilusiones que todo joven abriga en su juventud por una sociedad más justa. Allí en el regazo de mi abuela escuchaba como esa mujer nos contaba lo de las luchas de todas las mujeres, esposas, madres y hermanas de los obreros cañaveleros por la jornada de ocho horas de trabajo que pedían al señor empresario. Este como no quería concederles, mandaba a la gendarmería para que los reprimiera y no es como ahora que al menos se sabe que han sido detenidos; en esa época los asesinaban y dejaban su cuerpo a la intemperie y cuidadito que fuese recogido por sus familiares, ellos también eran reprimidos. Lo que decían y justificaban diciendo que los indios tienen que aprender a respetar a sus amos. Por eso las mujeres con sus hijos en el rebozo (manto con que se carga a los niños) se tiraban a las rieles del tren para que no lleven a sus maridos, hermanos o padre a ser ajusticiados y si era dirigente a ser encerrados en mazmorras como el sepa o la isla el frontón, eso sí era hijo de alguna persona conocida, pero si era indígena o serrano como ellos solían llamarnos, lo desaparecían, sin más ni más. Muchos murieron, a pesar que quien conducía la locomotora era un indio como nosotros. Por eso cuando su marido integro las guerrillas del año 1932 con su paisano Búfalo Barreto, sabía que ya no podría regresar a trabajar a la hacienda cartavio, se ubicaron con todos los desterrados en los arenales del porvenir. Allí nuevamente se organizaron e hicieron frente a las autoridades que querían desalojarlos de los arenales, sufrieron toda clase de privaciones, pues para los blanquitos de la virreinal ciudad de Trujillo eran los indios rebeldes o los serranos sucios que se habían atrevido a reclamar derechos.

Es mucho lo que quisiera contar de ti hermana María Eusebia, solo quería hacer conocer al mundo lo que distes para la liberación de tus hermanos explotados en las haciendas de la caña que arrancaban bajo el sol abrasador la zafra para que los hijos de los gringos lo disfruten en sus viajes de placer en Europa. Quiero darte este homenaje y que tu nombre no quede en el olvido y agradecerte por siempre ser solidaria con tu Juancito aun después de muerta.

Túpac Isaac II
Juan Esteban Yupanqui Villalobos.
http://juanestebanyupanqui.blogspot.com

Publicadas por Juan Esteban YUPANQUI VILLALOBOS a la/s 9:43 p.m.
 
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Cosas de la vida
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