AL HÉROE DESCONOCIDO

AL HÉROE DESCONOCIDO DEL PUEBLO CON LUIS FELIPE DE LA PUENTE UCEDA.

Allí, en mi pueblo con sus harapientas calles, sus curvas calles, subidas y bajadas mirando al firmamento. Allí donde de las tabernas de mala muerte se van desvaneciendo las vidas de muchos de los hombres que sienten en carne propia el olvido y la mentira. Allí donde muchos jóvenes, dejando de si, su egoísmo personal se embarcaron en la más grande epopeya de los hombres de estas latitudes, la de dar libertad a las patrias queridas y a los hermanos que en tantos milenios sometidos al yugo de una élite que gobierna a espaldas de todos.

Allí, donde parece detenido el tiempo y la historia, pues no ha cambiado nada, se vive en la miseria y el olvido como cualquier día en que pasa la humanidad. Allí donde vemos a las muchachas con sus mohines de niñas de pedestales, con sus caras rojas por el frio, jugar al lingo y a los yaces en las tardes en que el agua de la lluvia cae intermitente y los pequeños juegan con sus manitas cuarteadas, porque no tienen juegos, aquellos que los niños de los criollos botan al basurero.

Allí donde con mi pelota en toda mi niñez recorría de esquina en esquina, quizás queriendo aprender cómo va el camino para mirar, y se supone que mirar?. Son los mirares de los niños embelesados por las quebradas o por las lomas que sucumben al olor de las mañanas, en que las niñas con sus sonrisas tratan de conquistar.

Allí, donde aprendí a conocer la miseria y a dolerme en el alma, por lo que pasa mi pueblo; con sus predicadores de bolsillo; aquellos que solo buscan el momento, pero el momento para robar y después desaparecer y regresar como si nada hubiese pasado. Qué aprovecharon de todo y se enbolsillaron lo poco que podía tener una comuna.

Y sus caras miserables todavía, increpándonos por qué no, nuevamente le eligieran en el puesto en que estuvieron antes para robar nuevamente. Esa era la democracia que es únicamente para engañarnos y dejarnos en más miseria el pueblo.

Allí, donde el Canario de soberbia belleza atrae a la jóvenes que en sus inocencias lo ven como el niño de sus noches y sus desvelos; el hombre que todas amaban y por eso mucho envidiaban el ser seguido por las Chinas más preciosas como a la María del barrio de Quilla Hirca, de lado de arriba y que él era de abajo; se había fijado en una de la altura. Una moza muy bella que su color denotaba los fríos de las Punas que como pastora, siempre había visto pasar al Niño Apu por sus caminos y soñaba con que algún día se fijara en ella, que solamente era una pastora.

Y de ese amor salió una niña preciosa que todos confundían con una Criolla por lo rosada de su piel y sus ojos negros azabaches. Pero la Coya su Madre no quizo que siguiera ese amorío y le busco a su esposa entre las hijas de los kurakas y la encontró en una doncella, que era muy famosa por su belleza y destreza en la parcialidad de Samne. Tuvo que llevar al viejo Sapa Apu para que imponga su autoridad y pida la mano para su nieto de tan preciada niña.

El pobre tata Noé con sus años y achacoso tuvo que hacer el pedido de mano de la doncella, era su más preciado nieto y también su más querida hija quienes le hacían el pedido.

Era mi padre, al que yo miraba y no percibía por qué las mozas del todo el pueblo suspiraban en su pasar. Allí, yo que siempre deseaba escuchar la melodía en su voz para poder dormir y soñar, tal como decía mi tata Noé, que algún día una niña muy blanca como la nieve seria la Puka Coya del Kuntur Pachakuti, que ella nadaba con cuatro soguitas en el fondo del mar.

Le preguntaba: Tata y como es la Pallita de que me hablas. Él me decía, eso es para que se haga lo que dijeron nuestros ancestros. Pero tu mucho me preguntas mi huamanpukita. Si, tata, le respondía, mientras él me convidaba los helados que hacía en su taller en esa esquina que miraba al Apu Huacapongo. Y de allí aparecía mi padre y Tata Noé le decía, mi pequeño Canario y se ponía a llorar incansablemente y yo no entendía por qué se ponía a llorar mi Tata.

Y cuando me llevaba donde la chacra de mi abuelo Gerardo en Namobal, nuestras tías abuelas nos servían de todo y me cargaban sin descansar; me sentía muy mal pues ya era grandecito y me daba vergüenza el hacer alzado por mis ancianas familias. Todas decían el nieto de mi Herlinda, otras mencionaban es de nuestro Gerardo y me acariciaban con una ternura, me trasladaban de un lugar a otro. Me hacían dormir con ellas, decían que era para que me protejan de las almitas de los shapras que buscaban niños wiracochas para que no se realice el mito del cóndor, ni la del inkarri y sigan los indios sometidos a los mistis y a aquellos runas de piel clara como el agua de los cerros.

Ya en la mañana preparaban agua muy caliente con muchas hierbas traídas por todos los campesinos de muchas comunidades, venían de muy lejos para que las flores de sus campos fortalezcan al pequeño wiracocha. Desde mi nacimiento se había anoticiado que el pequeño hijo del Canario le había salido lágrimas de sangre. Las viejas mamaconas, dijeron que sería el padre del nuevo Pachacuti y otras mujeres más viejas y muy cucufatas mencionaban que sería Curita y presumiblemente el mártir de su pueblo.

Todo lo escuchaba la pequeña moza, hija del profesor de los hijos de los gringos dueños de la mina de Quiruvilca. Y se espantaba pues tenía mucho miedo de los mitos que hablaban entre noche y noche los abuelos, y ahora más que se había enamorado del Canario y no ella no estaba enterada que era de la Panaka de los Inkas, más miedo le dio cuando su madre le conto que su marido moriría por las manos de sus propios hermanos que trabajaban para los mistis malos hijos de la chununa, la duende roja que los cucufatas comparaban con el diablo.

Tan es así que decidió estar en casa de su Padre para que quizás cambie el destino de su marido y la de su hijo. Ella quería que nunca en su vida se realicen los designios que le contaban sus abuelos y personas mayores de toda comunidad. Tenía mucho miedo, por eso lloro muy amargamente cuando llego su suegra y nadie se puso lado ni la protegió cuando recogieron a su pequeño huamanpukita el último wiracocha como lo nombraban todos los viejos.

Nunca se repuso de verlo llevar a su pequeño de piel rosada como un auqui o quizás como un Misti. Ni siquiera reparo que ya nuevamente tenía un nuevo retoño en su vientre. Lo veía sentarse en su piel que habían traído los shalpones de Sausal como regalo para el pequeño. Ningún día pasaba, que no viniese alguna runa de cualquier comunidad a regalarle algo. Hasta las viejas se ponían en cola para tenerlo al pequeño, decían que así les bendeciría el tata Wilka.

Cuando mama Herlinda estuvo en la comunidad de Samne, donde estaba el pequeño, se lo llevo en sus brazos y nadie dijo nada, todos asentaron con su cabeza a la considerada mama Coya de un mundo que nadie más conocía que ellos, que eran los invisibles de los mistis.

Pusieron su pequeña chocita de comida en el cruce de los caminos, donde Túpac hizo adobes y puso techo a la choza para que fuera centro de descanso de los camioneros que se dirigían a diferentes direcciones como a Agallpampa o a Sausal y Otuzco por supuesto. Pero pudo más su espíritu aventurero y siempre que pasaba el gringo rojo, como le decía a un paisano de más adentro; y en sus conversaciones le abrió los ojos y ya juntos con otros jóvenes se ocuparon de ayudarlo en su empresa.

Ya en Trujillo mama Herlinda me cuidaba y discutían con mi padre hablándole a mama Herlinda: Pero mama tu no entiendes lo que hago, pero no me lo impidas; ella contestaba, pero dicen que el Uceda es un Comunista y en la iglesia nos dice el cura que si viene el comunismo, nos quitaran nuestras tierras a todos los indios, nos quitaran nuestras reses y no nos quedará nada para vivir. Eso es mentira mi madre-respondía Túpac Isaac I -eso lo dice porque el Cura que es un defensor de los Criollos y de los Apristas, que son unos ladrones, veras madre que de aquí a unos años, todos esos melindrosos que vemos, más tarde serán los nuevos ricos de nuestra ciudad; pues su esencia es maldita y aborrecen sus orígenes; allí estará ese gringuito que llegó desde Bolivia sin nada más que su cuerpo, pero después su abundante riqueza, propia y la de toda su familia no podría ser explicada. Como también de aquel runa castigado por sus malas costumbres se hará rico, pero no por buenas artes mi madre. NO ves que ahora tienen el concejo municipal, se pelean por ser concejales y a pesar que no se gana sueldo, pero lo hacen porque los mercaderes le regalen algo y así les permitan tener privilegios cuando hagan alguna gestión en el municipio?.

Y él seguía con sus argumentos para convencer a su madre de sus propósitos de ayudar a su paisano, un joven universitario de desgarbada figura, muy delgada y lo pronunciada de su aguileña nariz, lo que resaltaba aún más por sus lentes que le daba el aire de intelectual. Todos lo conocían y algunas señoronas cucufatas de la ciudad de Trujillo, lo creían que era un loco, muchas decían:¿ Como es posible que ese mozalbete que se cree estudiante universitario se haya atrevido a darles tierras a los serranos apestosos? Jesús y María ya estaremos en el fin del mundo. ¿Cómo es posible que este joven de buena familia esté desperdiciando su porvenir regalando su fortuna. Con ella hubiese podido tener muchas dotes con las cuales desposar a una buena joven de alcurnia de la sociedad.

Otras le respondían, pero si se ha casado con una jovencita de sociedad con la callirgos, pues. Entonces qué mala fortuna de esa chica que tendrá que vivir en la pobreza y en la miseria, y todo por las locuras de su joven marido. Nosotros creemos que esas locuras le ha dado ese mofrado hijo de los Haya de la Torre. Y así eran sus comentarios. Y esos eran también los temores de la Mama Herlinda para con su hijo, pensaba qué futuro le deparaba a su hijo y a su nieto. Aún mas si tenía la compañía del joven gringo de uningambal, aquel niño que conocía a los indígenas y conversaba mucho con el APU su suegro y tio y padre. Qué habrán conversado que el joven empezó a pelearse con el mofrado de su antiguo jefe político, un joven muy gordo con ademanes de mujer.

II
Era ya muy entrada la noche en el pequeño Villorrio de Santiago de Chuco. NO había alumbrado público de faroles como en la ciudad de Trujillo; solo Los Santa María, que eran los testaferros de los gringos y de algunos hacendados de la región, después todo eran indígenas que poblaban y ayudaban en la tareas administrativas de las haciendas y algunos Curacas de comunidades vecinas.

Juan Esteban Yupanqui Villalobos.
Tupac Isaac II
http://juanestebanyupanqui.blogspot.com

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Cosas de la vida
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