Camino al colegio

Camino al colegio.

Apenas se distinguía la salida del sol por horizonte, pero el frio arreciaba por la altitud en que vivía la pequeña Jazmín Condori. Su casita era de paja y la abuela seguía tosiendo toda la noche; pues esa noche todavía era una de las noches más frías que se hacía presente en el mes de Marzo en la comunidad del Hospital; ellos vivían en la parte más alejada. Tenía que levantarse muy temprano, pues la abuela quien la criaba le había dicho que tenía que aprender a leer y escribir. Ella huérfana de padre y madre.

Su padre había muerto en la cárcel acusado de pertenecer a los alzados en armas y mama, cada semana bajaba a Trujillo a visitarlo, pero cuando lo trasladaron a Lima, ya no pudo hacerlo y ella lloraba por no poder verlo y murió por no tener que comer, ya no había su Lorenzo que era que el criaba la chacra con tanto amor, pero fueron botados de sus chacras anteriores por la compañía minera de unos gringos y tuvieron que pedir una chacrita donde los hermanos del hospital. Lorenzo se levantó con otros hermanos para que no les quiten sus tierras, pero fueron tomados presos por la policía.

María y su Madre, que era su abuela viajaron con el Lorenzo para pedir que no lo apresaran, ya que solo habían defendido sus tierras, de las que los despojaron los gringos, disque para extraer oro y que traería más trabajo y bienestar para las comunidades de Callacuyan, pero no fue así y el Lorenzo tuvo que ir preso. Ya en la Cárcel solo tenían media hora de patio y todos los días encerrados en una celda de dos metros por dos, en donde hacían sus necesidades y dormían y solamente les daban una sola comida que consistía en una olla de agua con unas papas, esa era toda su comida.

Jazmín recordaba a su padre muy delgado, sus manos ya aparecían sus huesos y así le acariciaba y lloraba con su madre y la pequeña. Solo recordaba las lágrimas de su padre y después les dijeron que había muerto de tuberculosis, ellos no sabían que era eso, pero suponían que era algo malo. Después su madre enfermó y murió dejándolas solas, tuvieron que regresar a la comunidad.

Echaba de menos a su Madre y mucho más a su Padre, quien siempre la llevaba cargada en sus brazos para ver el sol salir por el APU Shulcahuanca, a quién hacían sus pagapus cada vez que preparaban la tierra para sembrarla. Otras veces bailaban en las chacras, cuando estaba los choclos en flor o las papitas ya avistaban sus flores, todos bailaban y tomaban la chichita que se hacía para celebrar a las guaguas de las chacras. Eso recordaba.

Pero también recordaba cuando se despedía de su padre en la cárcel en que los demás compañeros de él los despedían y le decían que tenga fortaleza, que Tata Wilka no los desamparará y vio por primera vez al hijo del Cóndor y Tata Wilka. A ella le parecía el indio más hermoso que había visto, todo el alto, mucho más que su padre, era muy delgado, el color de su piel resplandecía y su cabeza era la más grande y su pelo grande y negro, lo distinguían por el lunar que tenía en el labio superior y por lentes. Todos decían que él los liberaría, que no podrían retenerlo más tiempo los mistis, a pesar de que varias veces los lo habían puesto trampas para matarlo. Todos lo respetaban, pues había peleado con su pueblo para que no les quiten sus tierras, él no los tenía, los había regalado a todos sus hermanos de diferentes comunidades, pues quería ser libre, así lo escuchaba decir. Todos lo cuidaban y buscaban su consejo, pero también a él lo llevaron, pero fue protegido por otros hermanos. Los mistis llegaron a matar a algunos que lo defendían a que lo maltrataran, pero así le rompieron la cabeza y su sangre se derramó por los pasadizos de la cárcel y los hermanos se untaban con ella, según ellos para que el espíritu de él no fuese pisoteado por los mistis y por los hermanos traidores que le habían pegado.

Sus recuerdos se agolpaban en sus pequeños nueve años, pero tenía que levantarse y caminar y correr sus dos horas al colegio, ese sería su primer día de clases. Fue donde la alforja, donde guardaban su pan y su cancha de maíz, para ir comiendo en el camino, ya completaría con el desayuno que daban en el colegio. Se puso su pollera y su chusma, toda de prisa, no quería llegar tarde y salió corriendo, solo le dijo a la abuela, “me voy mama Tota”, ella le respondió “que te acompañen nuestros apus y achachilas mi hijita.” Y salió corriendo, pudo ver a las alpacas comiendo su grama en compañía de las ovejas que pasteaban cuando ella salía del colegio.

Ya acercándose al colegio, vio a muchos indios hermanos mayores reunidos alrededor de alguien, en su alrededor estaban otros guaguas de colegio y mayorcitos, no podían distinguir porque estaban reunidos. Así que se apresuró en eso pasó por su costado un mayor corriendo y decía, el hermano Sapa hijo del Cóndor y Tata Wilka ha venido a quedarse en la comunidad, quiere seguir luchando contra los gringos que nos están quitando nuestras tierras.

Ella también corrió tras del mayor y llegó agitada con su corazoncito latiendo a mil, quería verlo nuevamente, después de cuatro años, como estará, se acordará de ella, se preguntó para sus adentros. Llegó y empujando se pusó delante de todos, escuchaba al hermano que hablaba de los traidores alcaldes que no querían declarar intangible las cochas de donde se surtían de agua todas las comunidades, de que otros hermanos se habían vendido a la minera para que siguieran explotando y les felicitaba por no haber dejado que cercarán el camino hacia el apu Shulcahuanca, pero que era necesario que no terminen con las lagunas verdes, ni la Laguna del Toro, pues si no se terminará el agua para las comunidades y en eso volteó su mirada y lá vio posando su mirada en ella.

El se fue donde ella y la alzó, como cuando estaba preso y le mencionó a todos que era la hija de un héroe del pueblo Huamanchucos, que había muerto en defensa de sus tierras y la cultura de sus ancestros, que se opuso siempre a que los mistis trajeran sus malsanas costumbres que embrutecen a los indios, que ya no quieren chacchar la coca, ni hacer pagapus a sus apus y achachilas. Que el respeta la memoria del hermano Lorenzo y que a pesar que ahora los gringos y los mistis quieren su muerte, él seguirá luchando hasta morir por su pueblo, por sus hermanos, por sus tierras para que puedan seguir viviendo.

Todos en silencio le escuchaban, la bajó de sus brazos y le dio unas moneditas y le dijo: “Anda pequeña cómprate algo. Saluda a la Mama Tota y dile que ya le visitaré”. Ella se despidió de él con alegría; todos los miraban con respeto, los niños con envidia, ya que el hijo del cóndor le había alzado en sus brazos. Ella corrió donde el tambo de la india Miriam a comprar lo que tanto le gustaba que ern sus biscochos chancayes. Su espíritu tenía otra nueva esperanza.

Túpac Isaac II
Juan Esteban Yupanqui Villalobos.
http://juanestebanyupanqui.blogspot.com

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Cosas de la vida
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