MAMACONA LOLITA o Mama Lola

PARA UN ENERO. Homenaje a la Mamacona

Es fresco la mañana en que te despertabas, con tu pelo blanco y de canelones con puntas negras, tu sonrisa a flor de piel, haciendo bromas a Don Santos como le decías a tu esposo y primo a la vez, con cual te casasteis como era la costumbre desde tus ancestros y tu no pusiste objeción a pesar de haberte criado en el claustro de monjas tal como las indígenas de descendencia Inca lo hacían.

Mi tata Noé se refería a ti como Comadre y le decías solamente tío y a mi abuelo solo mencionabas como el cholo negro. Y yo en mis descansos de largos viajes me sentaba a tu lado a escucharte tus relatos de tu niñez, como cuando tuviste que recibir el castigo de tata Fortunato por tapar la travesura del más menor de tus hermanos.

O cuando me contastes del Tata Basilio, quien tenia más de 15 hijas mujeres y tres hijos varones. Todas ellas las más hermosas no solamente de la comunidad, sino que su fama llegaba hasta más allá de las fronteras que el tata Basilio se hubiera podido imaginar.

De como en la alianza con el Sapa Apu Noé, por terrenos que el tenía en la Marka de Santiago de Chuco, él accedió que se casara con la mayor de todas sus hijas: la mamacona Úrsula, que era muy morenita, pero que era especialista en bordar muy bonito las frazadas, en la cocina ni que se diga, tata Basilio siempre que venían visitas a Tullpo le comisionaba a su hija Úrsula a que preparase los más ricos potajes para los visitantes.

Después se arrepintió pues supo que era un linaje muy sagrado entre los indios de todo el país, que venían a visitarlo los más grandes Mallkus, Yatiris de pueblos que el nunca había conocido y tenía miedo en que podía pasarle a su descendencia si eran conocidos por los mistis. Pero el Tata Noé le tranquilizaba, diciéndole que no se preocupara, que esas leyendas no eran para él, sino que para algunos de sus hijos de sus hijos, que el quien sabe no llegaría, ni siquiera a conocerlo.

Pero como te reías mama Lola, con tu risa gruesa y firme como toda ñusta de estirpe sabe darle a las circunstancias. Le decías, Tata Noé como voy a decirle si compadre o Tío, pero diga usted que somos compadres por su bisnieto que usted lo adora.

Pero lo que más me gustaba eran tus rosquetes y tus basitas, o cuando en tu pequeña batea amasabas el pan y me decías espérate mi hijito que ya voy a hornear el pan para que lleves a donde vas y les invites. No es bueno que vayas con las manos vacías.

Y cuando llegaban tus indios como los llamabas, les dabas a todos el hospicio debido y te preocupabas por si todos hayan desayunado con su cushalito y su canchita de maíz. Pero ellos para agradecerte te traían toda clase de ofrendas de sus comunidades.

Así a pesar de tu edad, caminabas muy fuerte para todo sitio, a tu misma chacra para ver si habían pegado tus flores que adornaban al Apóstol Santiago el Mayor, de quien eras devoto.

Muchas de las veces me decías mi Mercedario. Pues desde niño quise ser sacerdote y tú y mi Madre estabais contentas, de que nunca se iban a realizar las leyendas que se contaban en tu niñez, por tus abuelos con respecto al destino de nuestra familia. Pero tú lo viste que solo fue un pequeño tropiezo en el camino, y te resignaste a que tu Sobrino más amado sea estigma de sus luchas por su pueblo.

Muchas de las veces ibas con tu canastica a verlo y consolarlo, ya que como tú decías él no tiene Madre y ella mi hermana, así que yo la reemplazo.

Y ahora como si fuera en el momento te recuerdo que me decías: Hijito, cobra mis deudas y me mencionabas, fulano de tal me debe tanto, así que le cobras, cómo voy a dejarlo si eso me va a servir para atender a mis indios, que llevarán a mi sepultura mi cuerpo. Y te respondía, usted está fuerte tía, todavía no va a morir, mas bien usted me va a enterrar, pero no me prestabas atención y seguías aleccionándome a que cobre muchas deudas de muchas personas y que reclame a muchos indios de Santiago a donde habías puesto animales para criar que se servirían en las comidas de tu sepultura.

Ahora no estas más, ya no me dirás que quieres visitar a Mollepata a caminar por el Kapac Ñam que recién lo habían limpiado los hermanos para sentir la fuerza de los ancestros y emprender el nuevo camino. Pero donde estés allí me recordaras como el niño que lloró sangre y que le salvaste de la muerte por ser el augurio que tanto esperaban tus padres y tus tíos

Adiós Mama Lolita.

Túpac Isaac II
Juan Esteban Yupanqui Villalobos
http://juanestebanyupanqui.blogspot.com

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Cosas de la vida
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