EL PEINE DE ORO DE SHIRACKAMPA (II)

EL PEINE DE ORO DE SHIRACKAMPA (II)

Al pequeño Túpac, le encantaba la conversación del tallan Oruna y siempre se sentaba en la loma de Mollebamba para poder esperar a éste en la llegada de sus viajes. Es así que, que en unos de sus viajes, vino mucho mas cansado y con signos de muchas angustias que se denotaba en su rostro cetrino y oscuro. Una de las acllas avisto al comerciante por el camino y presta corrió donde su pequeño Apu Sapa para hacerle conocer que venía Oruna. El asintió con un ademán de su cabeza y le dijo que se sentara en su costado para esperarlo y recibir las noticias que traía éste. En ello vieron le venir con sus llamas que muy ceremoniosas y contoneándose se venían acercando por el capac ñam en su dirección, el venía delante de ellas y también cargando un gran bulto como lo saben hacer sus hermanos de nación.

Ya viendo de cerca al pequeño Túpac, el delgado tallan se echo en tierra, botando su gran bulto antes de correr a sus pies y postrarse ante él y llorar muy amargamente dándole un discurso en la que entrecortadamente lloraba muy amargamente. El le recomendó que se calmara y le ordeno a su aclla a que le diera de beber la chicha de maní que a él siempre le gustaba, pero que sola era reservada para los de la Capac Kuna, pero a él siempre le gustaba contrariar las ordenanzas de su padre y de su estirpe, pues no veía la diferencia entre runas y Capak sicnchis como él, lo era. La aclla, conocedora de las costumbres de su pequeño apu sapa, a quien respetaba mucho, accedió y en un kero destinado para los runas le sirvió la chicha, el alargó la mano y de un solo sorbo se bebió todo el contenido y ya respirando mejor le expresó:

MI Pequeño Apu Sapa, tu sabes que te respeto y amo mucho, por ser muy generoso con éste pobre runa, que desventuradamente me tengo que esforzar el doble, por tener dos familias a quienes mantener, sin que les falte nada. Estaba yo sembrando mis chacras de camote por mi tierra en Chulucanas, cuando estando cansado me eche a descansar un poquito y tomaba agua, pues el taita Inti nos abrazaba con su calor intenso. En eso me quede muy dormido y soñé que me despertaba en una laguna muy inmensa, en un lugar muy lejano, donde solo se veía apu lleno de agua como piedra, tal como hay en las cimas de los apus de huascaran y el pumapampa. De esas aguas pero que eran del color de la oscuridad emergió una mujer muy hermosa, pero su hermosura era diferente a las ñustas o a las acllas que te sirven. Me miró muy fijamente en mis ojos y me dio mucho temor, alargó su mano y me dio un peine muy hermoso, todo de oro, tal como es el color del tata Inti y me dijo: péinate.

Yo le respondí, para qué quieres que me peine? Yo no uso el pelo largo, solo los chunchos de los antis lo utilizan, pues así es su usanza. Ella me volvió a ordenar que lo tomara.

Con mucho miedo lo tome e hice lo que me dijo y resulté en otro tiempo, volaba como un pequeño colibrí por todo el Tawantisuyu. En eso vi a un gran cortejo de Sinchis que se desplazaba hacia Caxamarca y muchos Señores de la guerra y guardadores rodeando a un Gran Apu Sapa Inka que recorrían en su litera por el Gran Capac Ñam. Lo acompañaban los mejores guerreros de todas las naciones. En su tras de nuestro Sapa Inka iban sus Cuyas y sus Ñustas, todas ataviadas con sus mejores ropas y llevadas en literas. Yo me acerque para escuchar la conversación que tenia el Sapa Inka con uno de sus generales; mencionaban que iban a conocer que querían unos runas medios raros que montaban unas llamas muy especiales y tenían la cara llena de pelos, tal como los coto monos de los chunchos. Al Sapa Inka, no le parecían peligrosos esos Runas raros. Pero a su general le juzgaba que eran muy peligrosos, a lo que el Sapa Inka, le mencionó que seguramente le había impresionado muchos los presagios que le habían mencionado los amautas de Catequil. Le recomendó que no se preocupara que ya sus tíos los amautas que vivían en Samana, cerca del Tambo real en el Tablachaca, hubieran visto las cochas en cochamarca y le habían mencionado que no era el tiempo de cambio de era, que no se preocupara por los vaticinios de De Lurin y Catequil. Bueno dijo el general, que si así lo creía el Gran Sapa Inka, así lo entendería, pero que aquellos runas raros le parecían muy peligrosos y siguió caminando agarrando su estólica con su escudo de chonta y piel de venado.

Caminarían varias horas, pues los porteadores que eran escogidos entre los más fuertes, corrían por el camino, sin que lo sienta el Gran Sapa que estaba viajando y avistaron los baños de la cañada, donde estaban los aposentos de Capak Kuna. Llegando allí, todo el ejercito hizo su campamento rodeando a la gran Panaka, como un círculo de de seguridad. Así estuvieron todos, disfrutando de las bondades del agua caliente de la Cañada.

En eso vinieron los Runas raros de rostros como del agua, pero olían a animal descompuesto y todos se alejaron, además venían en sus llamas raras a las cuales montaban. Llegaron con unas vestimentas y unos petos que parecían de unos metales raros. El sapa no los recibió sino que se entrevistaron con uno de los generales, el que estaba a cargo de tratar asuntos con los Runas raros y que era el más joven de los ellos, que había accedido al puesto por ser muy valiente y guerrero. El les dijo a los Runas barbudos que le daría su razón a su señor y que les daría la respuesta con un chasqui. Así lo hizo; entonces el Sapa Inka decidió aceptar la invitación de ir a ver lo Runas Barbudos que tenían por Sinchi a un Tal Francisco Pizarro. Que nombre más raro, a sus generales le olían raro y malo ese nombre, pero él no les temía; teniendo a tremendo ejercito, ganador de muchas batallas.

Así llego el día y se alistaron todos sus generales y sus ñustas. La Coya no quiso ver a los runas barbudos, pues le dijo que olían mal y ella no quería tener nauseas por soportar semejantes olores de gentes muy sucias y desaseadas así digan que vienen de mas allá de las mama cocha. Todos se vistieron sus mejores ropajes y se bañaron con los mejores aromas en los baños, así también lo hizo el Sapa Inka, para enrostrarles que ellos eran unos seres muy limpios a lo contrario que eran esos visitantes, haciéndoles conocer que era una mala cortesía no bañarse. Los porteadores alistaron las literas en que irían las ñustas, los generales y muy delicadamente en que transportarían al Gran Sapa Inca.
Llegó el momento y empezó el gran cortejo, solo se quedó en la encañada todo el grueso del ejército, pues no era la situación de una guerra sino de expresar la cortesía de las naciones del Tawantisuyu a unos extranjeros que venían a esta gran nación.

Sigue…

Túpac Isaac II
http://juanestebanyupanqui.blogspot.com

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