LA PEÑA DEL PUMA.

LA PEÑA DEL PUMA.

Puerto chuchuhuasi, que significa casa del hombre, fue un antiguo poblado de los fieros Bracamoros. Aquellos valientes guerreros que se resistieron a ser conquistados por los orejones venidos del sur del mundo runa. Vivían allí con todas sus familias en una gran sola casa a diferencia de sus enemigos los Jibaros que se posesionaron al lado contrario de la orilla del rio que ellos llamaban Cocha Puma, o también lo nombraban como Puma cocha; pero los del otro bando lo conocían como chin chin pe. Siempre los adultos paraban resondrando a los guaguas ( niños) a que no se alejen mas de lo debido, ya que la costumbre de los de la otra orilla era de cortar las cabezas y reducirlas para ponerlos como collares en sus cuellos. Ellos eran Pacíficos, pero también grandes guerreros y grandes comerciantes que llevaban muchos productos de sus tierras hacia más al norte. A veces se aliaban con los tallanes tumbis para ir más allá en sus correrías del comercio. En cambio los jibaros existían muy diferentes a ellos, no construían casas y vivían en los arboles, tampoco cocinaban sus alimentos y los cogían de los arboles y solo cazaban para comer la carne cruda, inclusive la de los runas, eso a ellos les asqueaba. Por ello les tenían mucho temor. Ellos también en años lejísimos a los de ese momento, les contaban sus ancestros que tenían el mismo modo de vida; pero que vinieron runas sabios que dijeron que llegaron allende del mar y les enseñaron a vivir como runa y no como jibaro. Así aprendieron a hacer sus ollas de la tierra que permanecía siempre mojada y se hacía pegajosa,

pero que al cocerlas al fuego se volvían duras y en ellas podían cocinar cosas que sus labios se enternecían con los que le habían enseñado los forasteros venidos del gran rio grande que se veía desde el gran apu Porculla. Ellos vivían en el gran bosque, mas de vez en cuando se asomaban en las alturas del gran apu para avistar a los runas que vivían en pequeñas casas de tierra con techos. Eran multitud de casas y a ellos le daba miedo, por eso no se dejaban ver y cuando veían que alguien de esos runas se acercaba, ellos inmediatamente se escondían más al interior del bosque.
Por aquellos años no se preocupaban, más que en arreglar su gran casa y la pesca en el gran puma cocha. Los niños jugaban en la rivera de el y se entusiasmaban cuando cazaban algún pez pequeño que inmediatamente llevaban a la mayor de las madres que era la encargada de cocinar para la familia. Ellos querían colaborar así como el resto de runas mayores. Los mayores se reían cada vez que veían los afanes de los churres guaguas (pequeños niños). Entre ellos destacaba Quincho, con su nariz chata, casi deforme, con la barriga bien pronunciada, sus piernas arqueadas; pero que soñaba en algún día ser el cacique de su nación y poder viajar por los territorios donde vivían muchos animales y en el que gobernaba el apu puma. Se ensayaba en los troncos que traía el puma cocha, soñando que viajaría por la gran cocha que nunca tenía fin y a la que solo un puquina apu había podido cruzar, trayendo consigo a una nueva esposa para su familia, eso es lo que contaban los mayores. Cuando estaba en el agua, tensaba todas sus fuerzas para poder crecer en fuerza y valentía, preparándose para las hazañas que estaba concibiendo en su pequeña mente y en su temprana edad. Así se iba adentrando más allá de su comarca, en donde solían estar el bosque; quien sabe tenía suerte y podría ver a los apu pumas correr o saltar en las quebradas. Todos los días, después de recoger la leña para la casa y traer los guineos para la comida se iba corriendo lo mas lejos posibles del resto de niños de la comarca, para que no le roben sus sueños a los que el estaba planificando para hacer cuando ya en las fiestas de iniciación le consideren como apto para sumir su responsabilidad, quería ser el mejor de todos, para que así su proeza sea trasmitida en todas las lenguas y en todas las comarcas. En muchas de las veces le reprendían; ya una vez le dijeron a sus padres que el churre, quiere ir donde están los apus, que si lo hace una vez mas, le darán un escarmiento, pues no es conveniente perturbar a los apus del bosque, solo se va quienes son mayores y enseñados en sobrevivir en medio de el, pues acechan muchos peligros a los que ellos les ponen a los runas que ingresan a sus dominios. Pero el no hizo caso. Siguió el camino que trazaba su corazón y se adentró mucho más hasta la peña desde donde el apu pasa al territorio de los jibaros. Vio que era muy hermoso el lugar, que había muchas y deliciosas frutas que empezó a degustar con mucho ahínco e interés, por lo gustosas que estaban.

Lo que le pareció raro es que no se ponía el sol, este permanecía siempre en el medio del firmamento, se asusto y empezó a correr, pero no sabia en que dirección. Seguía corriendo a todos lados, con la desesperación de no encontrar el camino; el corazón se le aceleraba, parecía que se salía de su pecho por el enorme retumbar que hacía. Empezó a gritar con todas sus fuerzas, en eso se quedo paralizado en su presencia se encontraba un oso de anteojos con las garras para atenazarlo y seguramente destrozarlo, en eso apareció sorpresivamente el Apu puma y se abalanzó contra el oso, trabándose en una lucha en la que ganó al oso.

Después le miró fijamente en sus ojos y el se paralizó quedándose en su mismo sitio para siempre. En su comunidad todos salieron a buscarlo, por las cercanías, así sucedió durante varios días, solo una noche escuchaban sus gritos, pero no encontraban de donde provenían, pero lo que les daba miedo, es que después se transformaba en el grito del gran Apu Puma, y eso les daba mucho mas miedo, así que se acostumbraron a escuchar el grito de búsqueda de quincho y seguidamente el grito del apu.

Túpac Isaac II
Juan Esteban Yupanqui Villalobos
http://juanestebanyupanqui.blogspot.com

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Cosas de la vida
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