EN MEMORIA DE CAMILO – El guerrillero sin fusil.

EN MEMORIA DE CAMILO
El guerrillero sin fusil.

Sentado, miraba a la otra orilla. Recordaba el fresco del viento que chocaba en mi rostro como en ese momento. Ya los años pasaban, pero no estaba arrepentido, solo triste. Por aquellos amigos que en mi juventud deje. Y a la cual la muerte me los había arrebatado. Cumplimos con la promesa de no morir si es que no se cumplía lo que creíamos como verdad. Y allí estaba mirando el río, en el cual muchas de las veces cruzamos con Camilo, el amigo que desde que tuvimos nuestra juventud, salimos a batallar como Quijotes a enderezar el mundo. No nos dio nostalgia de abandonar nuestra tierra, bueno al menos donde yo me crie e hice mis estudios. Pero lo mas real es cuando nos conocimos al vernos desengañados por un discurso, que nos pareció mas envalentonado, pero que en esencia solo era palabras de alguien que no se atrevería nunca ni siquiera a asomarse a la ventana de su casa. Nos parecía, que ese tal Rolando, con toda su palabrería, le encontrábamos a solo un brabucón, como esos chicos de la Chap que nos ofrecían pegarnos a la salida del colegio por no haber dejado que una de sus compañeras ingresara al colegio a enseñar. No podíamos dejarlo. Nadie en el colegio lo hubiera permitido.

Como se reía Camilo, cuando se acordaba que el fue de la idea de bajarle la falda a esa profesora que oso querer ingresar a nuestras aulas, sabiendo que era una de las más representativas de las filas del APRA. De allí nos nació en hacer lo que estuviera a nuestro alcance para hacer desarrollo a nuestro pueblo. Al término de la secundaria nos hizo tomar diferentes caminos en la vida, pero solo sería por el momento, ya que el futuro nos tendría reservado otras tareas muy hermosas, para recordar siempre nuestra juventud.
Nos perdimos varios años y cuando enrumbe a la parroquía donde pasaría mi etapa de apostolado, en ese camino nos encontramos y nos reconocimos. Ya habíamos pasado una etapa de nuestra vida; tú habías dejado de manejar camiones, ya que tuviste que sacrificarte para que el resto de tus hermanos pudieran educarse. Pero querías hacer realidad lo que en las aulas escolares pensabas con los jóvenes adolescentes que miraban con entusiasmos las lecturas de Mariátegui o los relatos del profesor de economía política con respecto al legendario luchador social Luis De la Puente Uceda. Nuestras mentes quedaban absortas al escuchar los relatos del profesor y nos veíamos ya recorriendo nuestras naciones para hacer de la justicia nuestra bandera.
Me invitastes la comida y decidimos hacer lo que nuestras jóvenes mentes planificaron en esa etapa. Fuimos primero a crear escuelas donde trabajar gratuitamente y así lo hicimos. Recorriendo las tierras de los migrantes que se posesionaron de las tierras de los bracamoros. Allí en plena selva alta, con los bosques empezamos a trabajar sin pedir un sol al viejo estado; pero eso si solicitamos su reconocimiento. Pero como no éramos de las filas del gobierno, después no nos eligieron para seguir enseñando a aquellos niños que nacieron en las nuevas tierras.

Siempre discutíamos nuestras ideas, lo más francamente sin disgustarnos por nuestras discrepancias. Solo la comprensión de las ideas del amigo. Allí elegimos un camino distinto, pero te comprendí; por que ya te habías enamorado de una mestiza, teniendo ya tus pequeños vástagos. Quizás tu compañera no hubiese comprendido la decisión que hubieras tomado al seguir lo que lo hice yo. No me moleste. Pero fue el primer adiós a un amigo tan entrañable. Que nunca sucumbió a desconocer su amistad y a socorrer en los peores momentos que el amigo tuvo que enfrentar por las decisiones de sus ideas. Como recuerdo esa despedida, como si fuera ayer. Tu en la casa de tu suegro y tu compañera; preparasteis la mejor comida para despedir al amigo. Nos sentamos y conversamos largamente de la infancia, de los amigos del colegio. De nuestra ciudad donde transcurrió nuestra adolescencia. De los libros que nos abrieron un haz de luz, para comprender las cosas que ahora veíamos con claridad. Sentíamos que ya no nos veríamos con seguridad. La decisión mía implicaba que solo volvería en una ataúd o triunfante la línea de mis ideas. Nos abrazamos todos, con tu familia, que ya la sentía como mía. Como también la tristeza de dejar tan bellas tierras; donde pude apreciar el olor del café. Sus mañanas al despertarme con el silbido de todos los animales anunciando un nuevo día.

O de la escuelita pequeña, con sus carpetas todas mal hechas, por que tu improvisaste de carpintero, para que nuestros alumnos no se sentaran en el suelo, como los niños de otras comunidades. O aquella pizarra, tan pesada, que las habías hecho de uno de los mas grandes troncos que la comunidad talo para hacer los muebles de la escuela. Y como me reía de tu famoso pupitre de profesor, que parecía haberse hecho por un aprendiz de escultor.

Al despedirme de ti, mi hermano, se fue una bella etapa de mi vida, la que pase en casa con Mama Herlinda, la escuela, el colegio que nunca olvidare. Como tampoco olvidare el día de tu muerte. Mirando tu rostro ya demacrado por la enfermedad, sin esperanza de vida y el adiós definitivo. Adiós hermano guerrillero de la paz; que buscó la paz sin el fusil.

Túpac Isaac II
Juan Esteban Yupanqui Villalobos
http://juanestebanyupanqui.blogspot.com

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Cosas de la vida
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