AL PIE DE TU TUMBA

AL PIE DE TU TUMBA

QUIRUVILCA PROLETARIO MINERO.

Tu rostro cetrino y marcado por la arrugas del polvo de quien lucha en las entrañas de la tierra; tus manos gruesas para enfrentar las dinamitas de la vida y tus ojos tristes para mirar el oro de tu madre que sirve a otros karas de mas allá del mundo tuyo. Y como olvidar tu último aliento con lo último de tu deseo, de ver el mundo libre de la miseria que dignamente olvidaste en ese lecho tuyo de muerte, y como olvidar que la posta de la liberación tu me diste en ese momento para salvar el mundo de la opresión infame de toda la burguesía que encaramada en el poder te sentencio a vivir en la miseria. ¿Cómo olvidar tu sonrisa de niño, para con el otro niño que tu mirabas con el respeto de un santo? Y que hacer cuando caminabas saltando de alegría, cuando te nombraba con tu verdadero nombre de Isaías, Abrahán o quizás Isaac, pero que no querías que nadie lo escuchara. No vaya a ser que estén escuchando los gringos de la CIA y vengan a matarte, ya que incendiaste sus casas allí en la mina que tu tomaste su nombre.

Aún recuerdas tu pueblo enclavado en la cima de tu tierra muy cerca donde naciste, de cómo te contaba tu padre que esperaba nuevamente al hijo del cóndor para votar a los gringos de sus apus al que estaban horadando en su seno. Tu le decías, no padre no esperes milagros que mejor lo que dice el gringo lucho vamos  a hacer en esta vida. Y el te respondía que no debes ofender a los apus para que todo te vaya bien, que es la herencia de nuestro pueblo por el cual quizás hoy debamos padecer. Pero taita volvías a responderle, tenemos que hacer la revolución, pues si no los gringos con su religión nos esclavizan, y el seguía insistiendo que hay que respetar a los apus y los mitmas sagrados que están en la Provincia para que pueda venir el nuevo Cóndor a liberar nuestras tierras.

Asistías a todas las reuniones que daba el gringo a todos sus paisanos en la búsqueda de la liberación y tu ninguna te lo perdías. Aunque a veces las palabras de tu taita te hacia mucha de las veces reflexionar. Como la de compaginar una revolución en un mundo que no es el occidental y te martillaba la idea de una creación heroica. Tal es así que ante el abuso de los gringos tomaste la dinamita y derrumbaste sus casas. Ellos inmediatamente supieron que habías sido tú, al que llamaban Quiruvilca. Tu esposa fue tomada prisionera y torturada hasta abortar tu pequeño y único hijo que ya no verías nunca más, y tu Shole, ya no la verías  jamás con vida. No la pudiste enterrar tu corazón mirando a tu pacha mama aceptaste el sacrificio por esta vez de perder y migraste a una tierra para que no puedan ensañarse con tu anciano tata, que el nada tenia que ver con tus ideales. Decían los gringos, como un indio de mierda se atreve a retarles. Pero tu para tus adentros comentaste, pero si esta es mi tierra y es mía desde que vivieron mis ancianos padres y sus ancianos padres también, en infinito orden con la  anuencia de sus apus y de sus sinchis que todos vivían muy bien.

Ahora en la soledad, tienes la alegría que en tus últimos días para morir, haz visto si de verdad, como lo decía su tata, que estas viendo al hijo del cóndor, ya casi muy presto a volar. Tu corazón muy alegre ya no quieres morir. Pero esta enfermedad por tanto tomar alcohol, te carcome tu aliento y le suplicas al pequeño y grande hijo del cóndor que te libere de la muerte. NO te importa que los curas sin lastima no te quieran atender, solo vez que el único que se desvive es tu Sapa pequeño, pues ves en sus ojos la liberación de todas las naciones para echar al gringo invasor y a los chapetones que se asentaron tanto tiempo y esclavizaron a tus hermanos para vivir bien, ocupando las tierras que no le pertenecían si no a tus hermanos, que ya no padecerían si el cóndor ahora alza su vuelo.

Yo solo miro en tus ojos mi hermano quiruvilca te digo, el pueblo que muere cada día por la esclavitud a que nos someten los Karas, mistis y criollos que se apoderaron de nuestras naciones para su provecho y de su familia, al pueblo que llora en cada instante mientras los hijos de ellos comen lo que nuestra madre tierra ha producido, ha terminado y en tu tumba y en el féretro que construí con mis manos, hago el esfuerzo por echar a volar mis alas.

Túpac Isaac II

Juan Esteban Yupanqui Villalobos

http://juanestebanyupanqui.blogspot.com

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Acerca de Yanawarmi Yupanqui

Cosas de la vida
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